Una larga historia



Hay casas que se construyen con ladrillos.



Hay casas que se construyen con historia.


Frente a la entrañable Plaza Gómez, a pocas cuadras del casco histórico y del pulso tradicional que define a San Antonio de Areco, se alza desde 1880 la antigua casa de la familia Gasanegga, hoy convertida en La Posada de la Plaza.


Su historia comienza con Don José Gasanegga, inmigrante italiano que llegó a estas tierras con el oficio en las manos y la visión de quien construye futuro. Constructor de profesión, levantó su propia casa como símbolo de arraigo, eligiendo ese sector del pueblo porque, según se proyectaba entonces, la estación de tren se instalaría allí. El trazado cambió, pero la casa quedó. Y con el tiempo, se convirtió en testigo silencioso del crecimiento del pueblo.


Su fachada neorrenacentista florentina, con balcones y detalles arquitectónicos únicos en la zona, refleja la impronta europea que marcó una época. El amplio jardín —que aún se conserva— respira la calma de los viejos patios italianos y hoy es uno de los espacios más valorados por quienes nos visitan.


Pero esta casa no fue solo residencia: fue escuela y fue música. Las hijas de Gasanegga, maestras en tiempos en que la educación formal era escasa, daban clases en la propia vivienda. Una de ellas tocaba el piano, y cuentan que las melodías se oían desde la plaza. Esa memoria sigue viva en nuestras habitaciones, que llevan nombres de músicos como homenaje a la historia pasada y quienes la habitaron.


En 1971, la propiedad fue declarada Lugar Significativo de la ciudad, reconociendo su valor patrimonial dentro del entramado histórico arequero, el mismo que integran el Puente Viejo, el Museo Gauchesco Ricardo Güiraldes y la centenaria Parroquia San Antonio de Padua, entre otros domicilios.


Décadas más tarde, la casa inició una nueva etapa familiar. Coco Fox y Delia “Meme” Villanueva la adquirieron y la llenaron de vida. Su única hija, Maggy Fox, junto a Ricardo Michel, formó aquí su familia y crió a sus seis hijos, los actuales herederos Michel-Fox, quienes crecieron entre esos jardines que hoy disfrutan nuestros huéspedes.


Tras el fallecimiento de Delia en 2004, la casa atravesó distintas etapas: fue hogar de familias amigas, incluso albergó un gimnasio, hasta que en 2009 renació con su identidad definitiva: La Posada de la Plaza.


En ese proceso fue clave la mirada de Isabel Castaño, casada en segundas nupcias con Ricardo Michel años más tarde del fallecimiento de Maggy. Isabel aportó su sensibilidad estética y visión para transformar la antigua residencia en un espacio de hospitalidad con carácter propio, respetando su arquitectura original y su espíritu familiar.


Hoy, quien cruza sus puertas no solo se aloja frente a una plaza. Se hospeda en una casa que ha sido testigo de generaciones, de inmigrantes, de maestros, de niños jugando en el jardín, de música que viaja por las ventanas abiertas.


A pocos pasos del casco histórico, de las calles empedradas, de las pulperías y del aire tradicional que aún define a Areco, La Posada de la Plaza ofrece algo más que descanso: ofrece pertenecer, aunque sea por unos días, a una historia que sigue viva.


Porque aquí no solo se duerme.

Aquí se habita la memoria de un pueblo.

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